Fragmento del texto introductorio del libro LINA BO BARDI POR ESCRITO:
Textos escogidos 1943-1991 organizado por Silvana Rubino y Marina
Grinover, pp 21-25.
Texto: Silvana Rubino
Ilustración: David Cadavid
Tiempo estimado de lectura: 5 minutos
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(…) Autora de proyectos distintivos y
emblemáticos. Lina Bo Bardi no logró construir mucho. Sus edificios son
símbolos de los paisajes de São Paulo y Salvador, pero, si se comparan con los
que construyeron otros arquitectos, pueden contarse con los dedos. No
precisamente como compensación, sino como parte de su quehacer, Lina escribió
con intensidad. Porque los arquitectos escriben: registran sus memorias para
presentar y elucidar su propia obra, manifiestos para tomar posición ante otros
arquitectos, para exaltar o despreciar las arquitecturas de otros tiempos.
Wölfflin escribió que los cuadros deben más a otros cuadros que a la
realidad;(1) de la misma manera, los proyectos dialogan entre sí, aun cuando
justifiquen su existencia a partir de condicionantes externas a ellos, y estas
posibilidades no son de ningún modo incompatibles. Le Corbusier, que quizás el
arquitecto más importante del siglo XX, escribió unos 50 libros, argumentando
que cuando las circunstancias no le permitían proyectar, dibujaba, escribía y
hablaba para que sus proposiciones arquitectónicas no dejaran de salir a la
luz.
Al contrario de lo que esto parece
sugerir, la escritura de un profesional que se presenta al mundo por medio de
imágenes, croquis, volúmenes, líneas y cortes no es una cosa menor, secundaria,
que sólo se lleva a cabo cuando la tarea central, la espina dorsal del oficio
(el proyecto), se ve obstaculizada. Baste recordar que buena parte de los
debates sobre la arquitectura del siglo xx se entabló por escrito. Si pensamos
en dos momentos cruciales: la emergencia del llamado movimiento moderno en los
años 1910-1920 y del posmodernismo a mediados de los años sesenta, veremos que
no es posible ignorar la importancia de los textos, artículos y manifiestos.
Textos que discutían con otros textos y con proyectos, concursos concluidos con
resultados diversos. Revistas que representaban distintas polaridades en torno
a clasificaciones y elecciones. Modernos versus tradicionalistas versus
organicistas: parte de esta lucha simbólica, que forjó la trama de la
arquitectura de los últimos cien años, se tejió, reforzó y deshebró por
escrito.
No es posible imaginar la
construcción del movimiento moderno arquitectónico de edificios como la Villa
Savoye o la Fábrica Fangus, pero tampoco es posible demarcar un movimiento sin
considerar todo el trabajo de los CIAM, los position papers discutidos en su
ámbito y las cartas finales, documentos imperfectos que se escribían a varias
manos, sujetos a diversas versiones. ¿Es posible pensar en la conformación
movimiento moderno arquitectónico sin las palabras de Adolf Loos en Ornamento y
delito? ¿sin la crucial definición del papel del arquitecto que Gropius alcanzó
en La nueva arquitectura y la Bauhaus?, sin las bromas y los aforismos de Le
Corbusier en los textos reunidos en Hacia una arquitectura? Es cierto que los
proyectos hicieron crecer nuestro abanico de referencias, que el extrañamiento
que muchos de ellos causaron formó parte del debate
arquitectónico y que ciertos
edificios cambiaron las miradas; pero fue por escrito como los arquitectos
modernos se armaron de un nuevo vocabulario y cambiaron el modo de hablar sobre
la arquitectura. A fin de cuentas, en momentos cruciales, el objetivo principal
era sacar un manifiesto (2) y, junto a las casas-manifiesto, junto a lo
proyectos mostrados en exposiciones, hubo textos y revistas ilustradas que
ayudaron a construir una mirada moderna.
El mundo de la arquitectura del siglo
XX tuvo, en diversas ocasiones, un portavoz privilegiado, un intérprete, una
guía para el universo de la cultura escrita. Ése fue el papel de Siegfried
Giedion, secretario de los CIAM y autor del fundamental Espacio, tiempo y
arquitectura; o de Gilberto Freyre que, en tierras brasileñas, traducía a los
términos de su sociología los admirables planteamientos de Lucio Costa. Son
escritos que construyen puentes entre textos y otros profesionales, y entre los
propios arquitectos, y que delimitan que debe ser la arquitectura. Las
publicaciones en parte de la formación de escuelas, ya fueran formales como la
Bauhaus y la Vjutemás, o consideradas tales informalmente, como la escuela
paulista o la carioca en el caso de Brasil. La fuerza de los textos (y esto
incluye las fotografías y los dibujos que los acompañan) tiene un motivo
obvio: la naturaleza del objeto arquitectónico es la inmovilidad. Así, la
arquitectura en papel, por escrito, desde los actuales coffee-table books hasta
los panfletos y tratados, desempeña un papel crucial: formar un museo
imaginario de la arquitectura y hacerlo circular por el mundo (3). Los textos
son los que organizan discursivamente el universo de la arquitectura, separando
lo ejemplar de lo prosaico, lo relevante de lo que pasa inadvertido, lo
que pertenece al mundo de la arquitectura de lo que no cabe en él,
construyendo un debate que posee un grado de autonomía considerable.
Esto se hizo patente en la década de
1960, cuando surgió una disputa que se esforzó por minar un movimiento moderno
(o algunas vertientes de éste) que estaba afectado por su propio éxito durante
la posguerra y por la crisis de los CIAMS, que dio origen al Team X (4). Desde
1961, cuando la periodista Jane Jacobs publicó Muerte y vida de las grandes
ciudades, hasta 1972, con Aprendiendo de las Vegas de Robert Venturi.,Denise
Scott Brown y Steven Izenour, varios aspectos de la arquitectura moderna fueron
cuidadosamente deshilvanados: las relaciones entre forma y función; el papel de
la historia y de la memoria de las ciudades; los deseos del usuario común
en contraposición con el designio del arquitecto; la arquitectura del
pueblo, la arquitectura descalza del albañil, en lugar del saber técnico y
erudito. Este debate osado y fecundo, en el que participaron nombres tan
diversos como Aldo Rossi y Hassan Fathy, fue sobre todo una batalla, un duelo,
que se entabló por escrito. Y ello no mermó su eficacia, su capacidad de
observar el movimiento moderno y de clasificarlo entre lo que empezaba a verse
como un clásico y lo que, desde ese punto de vista, era desclasificado. Al
plantearse (y, en algunos casos, replantearse) nuevos contenidos en el área de
la arquitectura, se llevaba a cabo la segunda revolución simbólica que sufrió
este campo en el breve siglo XX. La primera, sin duda, fue la década de los
manifiestos modernos.
No sería muy distinto lo que le
sucedería a Lina Bo Bardi, arquitecta cuya obra y escritos se sitúan
precisamente en el espectro temporal de una segunda generación de arquitectos
modernos, que avanza modernamente hasta el momento de su revisión y
atraviesa la turbulencia posmoderna. (…)
(1) Heinrich Wölfflin, Principles of Art
History. Apud Ernst H. Gombrich, Meditações sobre um cavalinho de pau, EDUSP,
São Paulo, 1999, p. 9. / Conceptos fundamentales para la historia del arte,
publicado en español por Espasa-Calpe, Madrid, 2007 (in. del e. 1).
(2) “The principal aim a manifesto” fue la
respuesta de Le Corbusier ante la acusación contra la destrucción que implicaba
su ”Plan Voisin”. Apud Sennett, The conscience of the Eye. The Design and
social Life of Cities, W.W. Norton & Company, Londres y Nueva York, 19990,
p. 72.
(3) Magali Sarfatti-Larson,
Behind the Postmodern Facade. Architectural Change in Late Twentieth-Century
America, University of California Press, Berkeley y Los Ángeles, 1993, p. 11.
(4) Sobre el Team X véase
Ana Claudia C. Barone, Team 10-Arquitetura como critica, Annablume, Sao Paulo.
2002; Kenneth Frampton, Historia crítica de la arquitectura moderna, Martins
Fontes, Sao Paulo, pp. 327-339.
¿Dónde ampliar esta lectura?
Bo Bardi, Lina. Lina Bo Bardi Por
Escrito, Textos escogidos 1943 - 1991. Por Silvana Rubino y Marina Grinover.
Ciudad de México: Editorial Alias, 2014.

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